Por una nueva etapa de regeneración y cambio.

Por | Gaspar Llamazares.

Una nueva etapa que se abre con el nuevo Gobierno PSOE, fruto de la moción de censura a la derecha, precipitada por la condena del caso Gürtel: el PP queda dibujado como una red institucionalizada de corrupción y de mentiras presidenciales incapaz de asumir responsabilidades políticas.

Un cambio el que se posibilita que, aún demandado por fuerzas políticas como Actúa y otros actores sociales desde 2015, ha sido tan tardío como inesperado. Tardío porque se produce después de la sentencia judicial, cuando la responsabilidad política debía haberlo precipitado antes; e inesperado porque, después de las dos últimas elecciones generales, se produce un acuerdo in extremis que muy poco antes parecía imposible.

 

Un cambio político, también, en el que se han manifestado y conjurado el conjunto de agravios sociales y territoriales provocados por las políticas conservadoras de austeridad y por la deriva autoritaria del gobierno del PP. Ese autoritarismo ha estado acompañado por el de otros sectores conservadores que han venido copando todos los resortes del poder, afectando incluso al equilibrio y la división de poderes en democracia.

En definitiva, una moción tardía, pero ineludible para sancionar la corrupción institucional, exigir la responsabilidad política y para detener la degradación y el deterioro de la legitimidad de las instituciones democráticas. Al margen de la defensa de estos valores democráticos, también han influido problemas de fondo como el malestar social y la desconfianza política. Y todo es conjugable con legítimos cálculos electorales de cada fuerza política, a la par que con las dinámicas sociales e institucionales.

Un conjunto de problemas de fondo se han ido acumulando con la impotencia y la complicidad (o el protagonismo) del gobierno del PP:

La corrupción había adquirido una dimensión institucional insostenible. La crisis catalana parecía abocada a un callejón sin salida. La recuperación económica ha puesto más en evidencia la desigualdad y la precariedad social denunciada por los pensionistas. La violencia y la desigualdad de género han sido politizadas por un revitalizado movimiento feminista. Estos factores, unidos a la debilidad de las fuerzas de izquierdas frente al duelo de las derechas, que ya monopolizaban gobierno y oposición ante el conflicto catalán, han permitido eludir la dinámica suicida de la competencia interna en la izquierda. Por otra parte, el bloqueo del Govern y del 155 han servido para rebajar el maximalismo independentista en favor del rechazo común al gobierno de Rajoy.

Sin embargo, la coalición, que podríamos denominar “destituyente” ante la resistencia del gobierno Rajoy a asumir su responsabilidad, debe dar, sin demorarse mucho, pasos hacia una alianza programática de mínimos más allá del acuerdo para la moción. La crisis de gobierno ha liberado tensión y es preciso canalizar la energía para construir una mayoría plural para el cambio posible.

El nuevo Gobierno asume como objetivos prioritarios la regeneración política, la estabilidad económica y el diálogo previo a unas elecciones anticipadas, aunque es una incógnita cuánto de anticipadas serán.

Frente a todo esto, el PP prepara ya la oposición de la deslegitimación y la crispación desde el mismo traspaso de poder, con la pretensión de que el Gobierno de Pedro Sánchez signifique solo un paréntesis.

Por otro lado, Ciudadanos junto a sectores influyentes coinciden en el objetivo de acortar al máximo la legislatura para aprovechar su hegemonía en las encuestas y garantizar la continuidad de las políticas neoliberales.

Por eso la principal tarea debería ser la de garantizar una agenda de cambios posibles, un tiempo suficiente para hacerlos perceptibles y lograr para todo ello una mayoría parlamentaria más amplia que la sola izquierda que los haga viables. Porque no solo de programa vive la política, también de imagen pluralista y abierta que, por desgracia, ya se echa de menos en los primeros pasos de constitución del nuevo Gobierno.

No se puede decir que la estrategia de moción de censura haya sido compartida ni en el conjunto del PSOE ni mucho menos en la izquierda política y social. Se ha tratado, por el contrario, de un movimiento táctico afortunado en un contexto maduro, aunque de resultado por ahora inestable y por ello más reversible. Pero en el nuevo tiempo que viene, habría que evitar los errores que impidieron en el pasado reciente que el cambio se abriese paso.

Uno de esos errores a evitar es remover la vieja cultura política bipartidista de desgaste y sorpasso, en particular en la izquierda que, ante una mayor pluralidad de fuerzas políticas, se convierta en una dinámica estéril de oposición de todos contra todos.

Esta lógica del enemigo cercano se ha reflejado en la exclusión de la pluralidad en el propio seno de las fuerzas políticas de la izquierda; también en la desconfianza hacia el papel autónomo de los movimientos sociales.

A ello se han añadido la personalización, el presidencialismo y la gestualización de la nueva política, con el abandono del debate y la reflexión colectiva en favor del modelo plebiscitario. Forma parte de ese viejo modelo la precipitación en la preparación hasta ahora de las próximas elecciones municipales, autonómicas y europeas por parte de las fuerzas del cambio con la firma de coaliciones y candidaturas sin una valoración crítica de lo hecho, ni de lo que todavía se podría y debería hacer.

Ante este cambio político, el papel de la izquierda sigue siendo imprescindible y Actúa quiere formar parte desde una perspectiva de colaboración leal y exigente. Sigue siendo necesaria la referencia de una izquierda coherente y seria, pero plural y amable que no reniegue de su pasado reciente ni de su cultura de lucha social, tampoco de la de gobierno. Sigue vigente el papel social y político de promover y mantener el diálogo y el acuerdo básicos, por encima de las legítimas identidades de la izquierda. Para ello es imprescindible un balance crítico de los gobiernos de cambio y relanzar los cambios pendientes antes de afrontar las próximas elecciones. Es aún mayor la necesidad de construir en el Gobierno central un programa de cambios posibles y de defenderlo frente a una ofensiva que se prevé brutal por parte de la derecha.

Es cada vez más urgente dar una alternativa de nueva forma partido de participación, dirección y organización plural y compartida ante la crisis de los partidos y el riesgo de involución personalista y plebiscitario. Este programa básico debe incorporar medidas nítidas y viables de cambio en regeneración democrática, en materia sociolaboral, en la recuperación de derechos y libertades, en igualdad de género, contra el cambio climático y en el diálogo territorial desde la perspectiva de un federalismo plural.

Por eso hacemos propuestas desde Actúa y por eso esperamos y nos comprometemos con la construcción de una plataforma de cambios posibles.

Gaspar Llamazares, promotor de Actúa

Publicado en Nuevatribuna.es

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 Puedes verla hasta el próximo miércoles 25 de julio.

 

 

 

 

 

 

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