Volver a empezar.

Por | Gaspar Llamazares.

La película de Garci muestra a los protagonistas de la transición entre la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue y la voluntad de participar en una nueva etapa. Entre todo ello, el amor de juventud como hilo conductor.

El nuevo President de Cataluña vuelve al principio del relato épico del 1 de Octubre, la legitimidad de Puigdemont y de nuevo al proceso constituyente de la república catalana, con las CUP como vigilantes de la pureza de las intenciones y del nuevo procés, pero dejando en un segundo plano cualquier perspectiva de clase.

 

Poco importa lo ocurrido después del 1 de Octubre, salvo el 155 y la acción de la justicia. Nada de la crisis política, nada de la respuesta de las empresas ni del aislamiento internacional. Solo importa el relato épico del empoderamiento popular y la gestión del agravio frente a la represión del Estado. Lo único nuevo es que el presidente delegado ha expresado claramente su menosprecio y voluntad de exclusión de la parte de los catalanes que identifica con España. El enemigo interno frente al cual se propone gobernar. En sordina quedan su petición de perdón o su retórica de diálogo.


Una agenda de pocos meses que no va más allá de 2018, con la complejidad de la bicefalia presidencial y una estrategia bifronte: por un lado de movilización social republicana, con el nuevo proceso constituyente en el llamado Consejo de la República. Por otro, retomando la gestión de la autonomía después del 155, pero también recuperando y reiterando las leyes y los organismos derogados por el TC. La dialéctica del legitimismo y la legalidad, pues, marcarán los tiempos y el protagonismo de los actores en estos próximos meses. El pulso continúa.

En el otro lado del cuadrilátero, el PP y Ciudadanos pugnan por la herencia del 155 con la izquierda como oyente, tanto en el caso del PSOE como de Podemos. Poco importan sus alianzas explícitas o implícitas con las estrategias de cada uno de los dos bandos en liza, su papel será secundario o subordinado. Un PP que facilita la investidura, pero mantiene en alto la espada de Damocles del 155, mientras Ciudadanos sigue aprovechando la sangría de un nacionalismo español reactivo a la estrategia independentista en Cataluña, y también en España, sumado todo ello a la hemorragia de los casos abiertos por la extendida corrupción del PP. Ciudadanos cada vez se encuentra más afianzado en una posición privilegiada como primera fuerza en Cataluña, e influyente y en alza en el conjunto de España, frente a un PP declinante en España y minoritario en Cataluña.

Estamos ante un presidente vicario y temporal, contratado por proyecto y obra, en función del calendario del legitimismo de Puigdemont, pero también de la legalidad de Llarena y de los casos abiertos y sus consecuencias de encarcelamientos, huidas y procesamientos.

Continúa y avanza la obsesión del populismo nacionalista y la identidad que se impone a la perspectiva de clase y la cuestión social. Como alguien ha dicho recientemente, “el marco del procés desangra a la izquierda”. Si alguien se pregunta qué vamos a tocar, como en las orquestinas de pueblo de pobre repertorio, tocaremos la misma canción, pero más fuerte. Así como la fanfarria se impone a la música, la propaganda se impone a la política. Porque ninguno de los componentes del duelo de patriotas, y dentro de cada frente del fuego amigo correspondiente, aspira a la solución del problema, ni siquiera a iniciar el diálogo entre diferentes.

Entre populismos iliberales o autoritarismos anda el juego. Volvemos a empezar, pero el punto de partida es peor. Estamos peor en lo político. El procés y la respuesta del 155 han fracturado la política en dos frentes irreconciliables, o casi, donde otras estrategias y matices alternativos son silenciados.

Estamos peor en lo jurídico, ya que la respuesta al procés ha sometido a los jueces y tribunales a una exposición y sobreactuación públicas y a la consiguiente politización de la justicia y desautorización sin precedentes en democracia, cosa que los próximos pasos no harán más que acrecentar. También peor en lo institucional entre quienes cuestionan la política, la justicia y la democracia española en su conjunto y quienes hacen lo mismo primero con la enseñanza, luego con TV3 y, en general, con las instituciones catalanas y su autonomía. Pero peor, sobre todo, en lo social. Una sociedad que vive de espaldas y solo dialoga con una parte, consigo misma, sin reconocer y mucho menos siquiera pasársele por la cabeza el acordar con la otra.

Volver a empezar, pero peor. Parafraseando la conocida máxima sobre la mentira, es hora de empezar a pensar en un cambio, cuando la estrategia es de tan baja calidad y son tan malos los resultados.

Gaspar Llamazares, promotor de Actúa

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