Barrer en el desierto

Por | El equipo de Guía Extemporánea.

Si 2017 comenzó con la esperanza política puesta en la necesidad de la negociación para cambiar la realidad de España una vez perdida la mayoría absoluta del PP tras dos procesos electorales, 2018 comenzará con la necesidad de más negociación para salvar la convivencia tras las elecciones autonómicas en Cataluña y meses de monográfico sobre un proceso soberanista ilegal y una respuesta constitucional desproporcionada.

 

Como suele ser habitual, hace unos 365 días emprendíamos un año con la vista puesta en los cambios posibles e imprescindibles para mejorar la vida de la gente. Después de todo lo sufrido tras el doble proceso electoral de 2015-16, las pretensiones estaban bastante apegadas a la realidad, pecábamos de poco exceso de optimismo. Han transcurrido doce meses en los que por el camino se han dejado oportunidades y han surgido otras nuevas. Sí, y por sorprendente que parezca, hoy nuestras aspiraciones se han demostrado cándidas.

Consideramos 2017 ‘el año del Congreso’, puesto que el legislativo, el más plural de la democracia, cobraba un nuevo protagonismo frente al rodillo del PP de la última época. Las perspectivas hablaban de importantes acuerdos desde la oposición para condicionar la política de un gobierno de derechas que esta vez estaba en minoría. La reforma del sistema de pensiones, un nuevo pacto por la educación, una nueva reforma laboral, la reforma fiscal y de la financiación autonómica o el inicio de los cambios necesarios en la Constitución Española para situar a España a la altura del siglo XXI eran, entre otros, retos que se planteaban impulsar hoy hace un año.

 

365 días después, ¿qué tenemos? Un nuevo Pacto de Estado contra la Violencia de Género que no cuenta con suficiente financiación cuando la situación es de extrema gravedad: el número de mujeres asesinadas supera con mucho a las víctimas de ETA, pero esta lacra no genera la indignación y rechazo social e institucional que merece, a pesar de que los movimientos feministas se están dejando la piel en reclamarlo.

Ocurre que las expectativas suelen ser unas y las posibilidades para alcanzar los objetivos, otras. Era evidente que la oposición parlamentaria también debía enfrentarse a los procesos internos de cada partido. Ciudadanos era el que más fácil lo tenía, a pesar de su deriva en el discurso para pasar de su particular “no es no” a un PP corrupto a convertirse en la muleta necesaria del presidente Rajoy. El PSOE y Podemos debían atravesar el calvario de sus particulares congresos. El primero, enfrentándose a la reelección de Secretario General, en cuyo proceso fue restituido Pedro Sánchez para sorpresa de unos y consolidación interna de otros, principalmente de la militancia del partido. El segundo debía afrontar por primera vez y en un suspiro de tiempo sus diferencias internas: el Iglesias vs. Errejón transformó Vistalegre II en “vistatriste”.

A todo lo anterior, cabe añadir el intento “que pudo ser” de haberse trabajado, pero que ahondó en frustración por su mala gestión. Sí, hablamos de aquella moción de censura impulsada por Unidos Podemos que no prosperó, principalmente porque no partió de la necesidad urgente de cambiar el gobierno, previo acuerdo con las partes susceptibles de ser seducidas, para dar respuesta a las necesidades de cambio que los electores manifestaron en dos ocasiones entre 2015 y 2016, sino que se utilizó una vez más para poner en entredicho al resto de la oposición (entiéndase aquí particularmente al PSOE).

Entre tanto, en abril de 2017 surge la plataforma Actúa, un proyecto de intervención política encabezado por diferentes personas procedentes de distintos ámbitos de la cultura, la política, la judicatura y el derecho, el feminismo y otros sectores profesionales que plantea la necesidad urgente de un acuerdo suficiente e imprescindible para desalojar del gobierno al partido más corrupto de Europa. Sus intenciones son demandar la unión de las izquierdas en un acuerdo programático que permita dar esperanza a millones de personas que siguen sufriendo las políticas devastadoras del Partido Popular, sin descartar la intervención directa en los procesos electorales si el principal objetivo de la unidad de acción no se da entre las izquierdas.

En la memoria de los y las promotoras de Actúa (algunos de los firmantes iniciales suscribimos hoy este artículo) martillea la deriva social y política que ha llevado a millones de españoles de la indignación del 15M a la frustración electoral, y en las posibilidades del compromiso político de Actúa también se encuentra la decisión de construir un proyecto que lleve a la sociedad española de la decepción a la esperanza. La orfandad política de millones de electores demanda una respuesta política, programática y de proyecto de país que aporte las bases suficientes para conseguir el cambio en España.

Lo que viene a demostrar la aparición de Actúa es la insatisfacción y frustración con los agentes políticos en escena, pero también el poso de esperanza de quienes entienden que hay que pasar a las acciones concretas desde el conjunto de la izquierda. Los retos de futuro son a medio plazo. 2018 puede ser el año del comienzo para que la izquierda reconstruya un discurso propio y un proyecto político que ilusione de nuevo a millones de personas frente a la corrupción, el paro, los recortes en derechos y libertades, los populismos nacionalistas, la amenaza ambiental e incluso de una nueva recesión económica.

La coherencia de la izquierda ante el desafío independentista de Cataluña debe ser rigurosa: reforma constitucional ampliamente debatida y trabajada para construir un estado federal. La izquierda, democrática e internacionalista por definición, no debe dejarse enredar por los postulados absolutistas de unionistas ni separatistas.

2018 ha de ser el año en que la izquierda se comprometa en bloque frente al recorte de libertades y el empobrecimiento generalizado por encima de cualquier otra pretensión. La regeneración democrática, que en pocos meses ha pasado de ser prioridad absoluta a quedar escondida en el cajón de lo no urgente, sigue siendo fundamental. Provocar un cambio en la correlación de fuerzas que permita una reforma constitucional suficiente para blindar las luchas sociales y los derechos económicos y culturales; la creación de empleo de calidad, el reparto del trabajo con salarios dignos garantizados en un contexto en el que la revolución 4.0 y la amenaza ambiental suponen un cambio imprescindible hacia un modelo productivo sostenible y valiente donde el reparto de las cargas económicas y la fiscalidad sean garantía de más igualdad social y de género.

En el actual contexto internacional, la determinación de la izquierda también requiere de un posicionamiento radical: la solidaridad como bandera ante el drama de las migraciones y los refugiados, la defensa de los derechos humanos frente a los desmanes de regímenes totalitarios y democráticos que desafían la paz y la convivencia; la redefinición de una Unión Europea de la democracia, la ciudadanía, los derechos fundamentales y las libertades, frente al crecimiento de la extrema derecha y como polo democrático que equilibre las políticas desafiantes de Estados Unidos, Rusia y China.

Quizás sea exagerado y pretencioso, incluso ilusorio como muchos propósitos que se lanzan en esta época del año en la que se pasa revisión a lo acontecido y se proyecta el futuro deseado. Según el ánimo de cada cual, en el conjunto de la izquierda, el listón se colocará a una u otra altura, pero quienes suscribimos este artículo partimos del compromiso personal y político de cambiar la realidad que nos duele, de analizar las posibilidades para intentarlo y de impulsar las herramientas y estrategias que consideramos mejores en este momento de la historia que nos ha tocado vivir. Si fuimos cautos a la hora de afrontar con taimado optimismo 2017, exigir en 2018 la acción de la izquierda nos parece urgente.

La realidad hoy requiere del imprescindible diálogo para el acuerdo. Lanzamos este SOS porque las posibilidades de cambio pasan por un proyecto colectivo de mínimos que anteponga a cualquier tacticismo de partido objetivos dirigidos al bien común.

O actuamos o nos queda derecha para largo. Y a ver cómo barremos luego ese desierto.

 

El equipo de Guía Extemporánea: Pedro Chaves, Eva Jiménez, Alberto Novoa, Araceli Adalid, Tasio Oliver, Yaiza García y Rubén Bejarano.

Publicado en Diario16.com

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