La república como coartada.

Por | Gaspar Llamazares Trigo.

La pretensión de una Cataluña republicana e independiente es contradictoria.

El republicanismo es en esencia el gobierno de la pluralidad, sea ideológica, política o cultural. En una revisión histórica, el republicanismo español no encuentra momento de compatibilidad con el independentismo. La pretensión de una Cataluña republicana e independiente es una formulación contradictoria en sí misma.

 

El escenario actual es el del decisionismo del referéndum ligado a un relato independentista alejado del republicanismo. El 1-O propone una consulta que huye de la legalidad y nada tiene que ver con la noción republicana que equilibra autogobierno y responsabilidad, necesidad de un marco legal, división de poderes, deliberación. El respeto y participación de las minorías quedan enterradas. Estamos ante el referéndum de una parte y un engañoso debate sobre el derecho de autodeterminación. Una consulta con garantías ha de dirigirse al conjunto, proporcionar un amplio espacio de deliberación y una solución compatible con la pluralidad. La democracia participativa se da en el marco de la representativa, no la suprime.

Hoy, el autoritarismo del PP y el independentismo son dos polos de un populismo autoritario. Durante la Segunda República, Azaña se posicionó con acierto respecto al debate estatutario, tan opuesto a la conllevanza regionalista y uniformizadora de Ortega como al escapismo del sector independentista del nacionalismo. Hablaba Azaña de la república como única opción democrática para lograr “una unión libre entre iguales" dentro del marco común español. Apostaba por que la razón orientase a la tradición. Las experiencias de ambas repúblicas demuestran contradictoria la relación entre independentismo y republicanismo en el abordaje y solución de la pluralidad. Después llegó Franco y pasó lo que pasó: ni república, ni autonomía.

Manifiesta su torpeza el Gobierno del PP cuando se niega al diálogo político, comete atropellos injustificables cuando limita la libertad de expresión en un acto público, interviene las competencias de la comunidad autónoma o debilita la legitimidad del Estado para oponerse al desafío independentista. El relato independentista se nutre y crece gracias a la sobreactuación del PP hasta cerrar el círculo del derecho de autodeterminación del pueblo catalán frente al estado opresor español. Nada es lo que parece. La identidad comunitaria del pueblo catalán y su derecho a votar resumen la posición independentista, pero el republicanismo contrapone la pluralidad y la deliberación. La hoja de ruta seguida al margen de la Constitución y la exclusión de la diversidad de identidades españolas y catalanas, así como la falta de respeto a los procedimientos democráticos en el Parlament o la ausencia de transparencia y garantías del referéndum son contradictorios con el republicanismo.

Entre ambos extremos estamos quienes anhelamos una propuesta federalista como alternativa republicana de organización territorial, fundamentada en principios como la autonomía frente a la tiranía, el pluralismo, la solidaridad, la participación y la deliberación democráticas, la ley como expresión de la voluntad popular y la virtud cívica. Un republicanismo con una pulsión ineludible por la igualdad de origen, más allá de la de oportunidades. Cabe preguntarse si no es hora ya de introducir la codeterminación o la consulta frente a términos contrapuestos como la autodeterminación o el referéndum binario.

No ha lugar el argumento de que la fractura será beneficiosa para los trabajadores ni para las clases populares, ni para las de España, ni para las de Cataluña. Al contrario, nos pondría ante un escenario de involución social y política. La solución es diálogo, codeterminación, deliberación, consulta y corresponsabilidad.

Solo el momento populista que vivimos explica esta extraña mezcla del independentismo y el republicanismo y que las únicas respuestas remitan a maximalismos del orden de la defensa de los derechos civiles o del referéndum pactado, todo ello en la lógica del relato independentista. No es mezcla inocente, responde a la táctica de oponer el nuevo comienzo de la República Catalana al régimen monárquico del 78. Ni nuevo comienzo, ni régimen: independencia unilateral frente a transición pactada.

Distintas versiones del populismo autoritario, nacidas de la pesadilla social del neoliberalismo, están haciendo trizas a las izquierdas y a los mismos principios republicanos. Hay pocas cosas más contradictorias que la utilización del republicanismo como coartada por parte del independentismo catalán.


Gaspar Llamazares Trigo es promotor de Actúa y portavoz de Izquierda Abierta.

Publicado en elpais.es

 

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